"Mas Jehová está conmigo como poderoso gigante; por tanto, los que me persiguen tropezarán, y no prevalecerán; serán avergonzados en gran manera, porque no prosperarán; tendrán perpetua confusión que jamás será olvidada."

Jeremías 20:11

 


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Vida Abundante en Cristo

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Mateo 6:24-34  “Nadie puede servir a dos señores, pues menospreciará a uno y amará al otro, o querrá mucho a uno y despreciará al otro. No se puede servir a la vez a Dios y a las riquezas.
»Por eso os digo: No os preocupéis por vuestra vida, qué comeréis o beberéis; ni por vuestro cuerpo, cómo os vestiréis. ¿No tiene la vida más valor que la comida, y el cuerpo más que la ropa?
Fijaos en las aves del cielo: no siembran ni cosechan ni almacenan en graneros; sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?
(BAD)

 

¿Quién de vosotros, por mucho que se preocupe, puede añadir una sola hora al curso de su vida?
» ¿Y por qué os preocupáis por el vestido? Observad cómo crecen los lirios del campo. No trabajan ni hilan; sin embargo, os digo que ni siquiera Salomón, con todo su esplendor, se vestía como uno de ellos.
Si así viste Dios a la hierba que hoy está en el campo y mañana es arrojada al horno, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe?
Así que no os preocupéis diciendo: “¿Qué comeremos?” o “¿Qué beberemos?” o “¿Con qué nos vestiremos?”
Porque los paganos andan tras todas estas cosas, y el Padre celestial sabe que necesitáis de todo esto. Más bien, buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.
Por lo tanto, no os angustiéis por el mañana, el cual tendrá sus propios afanes. Cada día tiene ya sus problemas.”

Si pudieras encontrarte con Dios ahora y mirarle cara a cara ¿Cómo verías a Dios? ¿Cómo sentirías que Dios te miraría? ¿Qué verías en los ojos de Dios con respecto a ti? Palparías su misericordia, su ternura, su amor, su paciencia, su perdón, bondad y mucho más.

El Señor Jesucristo nos dice que tenemos un Padre que conoce nuestras necesidades y aun las más profundas. A veces, a nosotros como hijos de Dios se nos nubla la vista, y Dios quiere que fluya su amor, esa vida abundante que trajo Cristo para nosotros “porque de tal manera nos amó Dios que ha dado a su único Hijo para que todos los que creamos en Él no nos perdamos, no vayamos al infierno, sino que tengamos vida eterna.” (*)

La palabra “vida eterna” no está hablando de tiempo, señala la calidad de vida de Dios, así como Dios es: amor, paz, bondad, dominio propio, humildad. En nosotros, esta calidad de vida empieza desde el momento en que reconocemos a Jesucristo como nuestro Señor, cuando por el Espíritu Santo somos convencidos de pecado y rendimos nuestra vida a Él; entonces tenemos ese poder, esa vida abundante, ese gozo, esa alegría. Es una vida para compartir. Al bautizanos, nacemos de nuevo, nos unimos a Dios y somos vestidos de Cristo. Dios nos ve en Cristo, nos ve perfectos. Somos hechos perfectos para siempre, somos santificados, somos llamados, y somos perfeccionados en Cristo.

Hebreos 10:12-14 “pero Cristo,  habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados,  se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.” (RV60)

Gálatas 3:26-27  “Todos vosotros sois hijos de Dios mediante la fe en Cristo Jesús, porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo.” (BAD)

La clave aquí es la frase “en Cristo”. Todo es en Cristo. Dios nos escogió en Cristo desde antes de la fundación del mundo. Necesitamos que se nos revele esta frase “en Cristo”. Cuando confesamos a Jesús como Señor y nos bautizamos, somos unidos a Él, nos casamos con Él, participamos con Él en su muerte y resucitamos con Él. Por esto, nunca más seremos seres individuales, somos en Cristo y es, su vida la que nos es transmitida. Nunca más viviremos en nuestras fuerzas. El ser humano no tiene remedio, es perverso, egoísta, orgulloso. No es en nuestras fuerzas, es Él quien nos ministra su vida. Si Él me manda a amar a mi enemigo, Él me entrega ese amor por el enemigo, yo jamás podría.

Romanos 8:1-2 “Ahora,  pues,  ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús,  los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. (Ya no vivo de acuerdo a mis pensamientos humanos, vivo de acuerdo a lo que Cristo me dice, toda la instrucción viene de Él, ya no vivo en mi humanidad sino en Él)
Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.”
(RV60)

Dios Espíritu Santo es el encargado de ministrarme todo lo de Cristo. El Espíritu Santo  trabaja en tu vida y en mi vida para que más y más vaya emergiendo la vida de Cristo; así se expresará esta vida abundante que Cristo nos trajo.

Dios quiere revelar su gloria. Es Cristo en nosotros la esperanza de gloria. Dios no nos quiere ver arrastrándonos en nuestras propias fuerzas. Lo que tenemos que hacer es creer que Cristo habita en nuestros corazones por medio de la fe.

1 Corintios 1:30 dice que "Dios nos puso en Cristo" (*). Yo no puedo entender cómo Dios lo hizo, pero sí se que dice que yo estoy en Cristo. Y es así, porque nunca más volví a ser lo que era. Todo lo que tenemos que hacer es vivir en Cristo, leer la palabra con detenimiento.

En Efesios en casi todo el primer capítulo está la palabra “en Cristo”, “en Él”, “en Cristo” “porque en Él”… todo está en Cristo.  A nosotros nos compete orar para que esta  verdad se nos revele. Mientras tanto el justo vivirá por la fe” , y fe es vivir en todo lo que Dios me dice en su palabra: “Dios dice que Cristo habita por la fe en mi corazón”.

Colosenses 3 señala  que todo lo que hagamos de hecho y de palabra lo hagamos en el nombre de Jesús. Esto significa hacerlo en su vida y no en mi vida. Levantémonos en Cristo, acostémonos en Cristo, trabajemos en Cristo, vivamos en Cristo y así, gozaremos la vida que fue obtenida para nosotros a un costo tan alto.

Efesios 3:16-19 “para que os dé,  conforme a las riquezas de su gloria,  el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones,  a fin de que,  arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura,  la longitud,  la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo,  que excede a todo conocimiento,  para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.” (RV60)

No hay nada más grande en el universo, ni en el cielo ni en la tierra, que el amor de Cristo. Yo creo que es el amor de la trinidad. Es el amor del Padre, es el amor del Hijo y es el amor del Espíritu Santo; porque Dios es uno. En esa cruz estuvo el Dios único: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Cristo en la cruz, el Padre y el Espíritu Santo estaban agonizando o sufriendo quizás (no son las palabras más apropiadas) pero la trinidad estaba sufriendo y ése es el amor que excede a todo conocimiento; y es en ese amor que está la vida abundante.

Estar en Cristo es sinónimo de estar en su amor, en ese amor que no busca lo suyo, en ese amor que todo lo sufre, que todo lo soporta. Te escupieron la cara, pero tú perdonas y piensas: – Me escupió, pero debe estar pasando un mal momento –. No te llenas de rencor ni de odio, vives perdonando, vives sirviendo. En ese amor es donde está la vida abundante que Dios quiere que fluya para nosotros y para los otros en Cristo.

Filipenses 2:5-8 “Haya,  pues,  en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual,  siendo en forma de Dios,  no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo,  tomando forma de siervo,  hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre,  se humilló a sí mismo,  haciéndose obediente hasta la muerte,  y muerte de cruz.” (RV60)

Es Dios pero se vació y se hizo hombre, y también esclavo, siervo, se hizo obediente hasta la muerte. Dejó su divinidad para tomar forma humana. Tenemos que despojarnos de la vieja naturaleza. En Cristo estamos liquidando ese ser perverso, el yo perverso que está en ti y en mí. Engañoso y perverso es el corazón humano pero Cristo lo liquidó en la cruz. Hemos muerto en Él, hemos resucitado en Él. Estamos  en Cristo.


(RV60) La Santa Biblia Reina-Valera 1960
(BAD) Biblia al Día.
(*) Cursivas del autor.

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